Rafael Rey era un político que parecía prometer mucho cuando apareció en la política, acompañando a Mario Vargas Llosa en su aventura neoiberal, a principios de los 90. Sin embargo, rapidamente motró su verdadero rostro político y convivió -sin empacho- con los sectores más conservadores del peor fujimorismo durante su década infame. Con el retorno de la democracia en el 2001, supo reciclarse
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